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El derecho laboral en estado de alerta

La única verdad es la realidad, dijo alguna vez un presidente argentino. Y la realidad del país muestra una disminución en el poder adquisitivo de la masa salarial, una fuerte baja del consumo, un alto incremento en los precios de los productos de la canasta familiar, fuertes aumentos en tarifas y servicios, un retroceso en la producción industrial y una caída en las exportaciones.

Algunas actividades como la textil y la del calzado, hablan de ya tener suficiente stock. Entonces se instrumenta la disminución de horas extras y el adelanto de las vacaciones. Se sabe que lo que sigue son suspensiones y después despidos. Por eso ya existen medidas de fuerza y planes de lucha de sectores que necesitan del poder de compra del mercado local.

Otro tanto ocurre con los gremios de la energía eléctrica, que ya están instrumentando acciones gremiales al ver disminuido el plantel laboral, en medio de la discusión salarial. Mientras los usuarios del servicio sufren las consecuencias de una absoluta falta de inversiones y culpan a los trabajadores que tienen a mano como los responsables de su cara desgracia.

La zanahoria del segundo semestre, el conejo Bugs Bunny parece haberla escondido para el 2017, sabiendo que deberá aparecer entre abril y octubre del año próximo cuando empiecen a transcurrir los seis meses previos a las elecciones de medio término que renovarán los cuerpos legislativos.

Hay otra realidad mediática y virtual que permite audiencias presidenciales de casi una hora para producir imágenes que circulen en las redes. Pero no todo es tan frívolo. También hay asuntos que atender. El actual presidente empezó su carrera pública desde la conducción de un club de fútbol. ¿Por qué el conductor de mayor éxito de la televisión argentina, no podría pensar en usar un trampolín de características similares para lanzarse a futuras candidaturas?

“Las autoridades de este gobierno no saben hacer política”, se ha venido diciendo. Será así, o este Poder Ejecutivo rotó las canillas. La caliente está ahora en lugar de la fría y viceversa. Hasta el giro de la ‘rosca’ podría hacerse en sentido contrario. ¿Se giran de derecha a izquierda, o al revés? Es un dato que parece aún no haberse descifrado, pero lo que está claro es que para un lado o para el otro, el grifo se abre y se cierra con oficio de plomero matriculado.

Pero el agua aumenta su costo. La luz también. Y otro tanto sucede con el gas. El Poder Judicial intercede ocupando espacios vacios que dejan los otros poderes del Estado. Y la conflictividad social avanza. La frazada parece acortarse cada vez más, justo cuando la temporada invernal se hace más intensa.

Y en medio de este complejo escenario social están las organizaciones sindicales, casi empujadas a ocupar el centro de la escena. Los movimientos sociales podrán hacer cortes y ollas populares, las centrales gremiales más cercanas a los partidos de izquierda, podrán planificar marchas federales y paros sorpresivos, pero la voz cantante la volverá a tener el Movimiento Obrero Organizado que convive dentro de la Confederación General del Trabajo, si quiere seguir asumiendo la representatividad de la mayor parte de la fuerza laboral.

Y los tiempos se acortan, porque más allá del manejo estratégico del conflicto, los dirigentes gremiales saben que las bases necesitan respuestas. A partir del próximo mes que se inicia muchos sindicatos retoman las negociaciones paritarias. Los acuerdos semestrales deberán tener su complemento anual. Otros convenios del año pasado finalizan su vigencia y las discusiones tendrán puesto el eje en una inflación que para el cierre de este 2016 estará rondando el 40%.

Por eso el Congreso Unificador del 22 de agosto está lejos. Así lo demuestra esta semana que concluye, donde en reuniones cruzadas, cada sector ha exhibido y escondido sus barajas. Con vistas al Plenario del próximo viernes que tendrá lugar en la sede de la CGT Azopardo, quienes trabajan para una conducción ejercida por un triunvirato que hasta hoy integrarían Juan Carlos Schmid (designado desde el moyanismo), Hector Daer (en representación de los llamados gordos e independientes) y Carlos Acuña (de la CGT Azul y Blanca que encabeza Barrionuevo), procuraran cerrar filas para oficializar esta propuesta de unificación. Son 35 los cargos en juego entre las 25 secretarías y las 10 vocalías. Suman 40 los puestos a ocupar si sumamos a los 5 integrantes del Comité Arbitral.

De ahí que se abra un espacio de negociación. El sector que lidera el titular del gremio bancario Sergio Palazzo, donde entre otras organizaciones, confluyen muchos sindicatos enrolados en lo que fuera el MTA, confirmó que asistirá a discutir las medidas de acción que instrumentará la CGT “más allá de la representatividad de los cargos”, aunque con una postura crítica frente a lo que entienden que está siendo el manejo de políticas no consensuadas.

Por su lado el Movimiento de Acción Sindical (MASA) que lidera Omar Viviani y que tiene como candidato a secretario general al titular de la Unión Ferroviaria Sergio Sasia, confirmo que no asistirá al Plenario por entender que una conducción compartida por tres secretarios generales “oficializa la división de la CGT y exhibe las diferencias de las políticas que se deben seguir desde el Movimiento Obrero”.

Mientras tanto, un amplio sector del gobierno nacional y de las principales empresas que actúan en el país, empiezan a volver a hablar de la necesidad de avanzar en una reforma laboral, que flexibilice los derechos de los trabajadores y el accionar de las organizaciones sindicales. Una película que se estreno en la Argentina en la última década del siglo pasado, en la que se contaba la historia de una ley aprobada gracias a una tarjeta de débito, lo que provocaba la renuncia de un vicepresidente y la caída un gobierno democrático producto de la reacción popular, algunos meses después, helicóptero mediante.

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