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La historia de las mujeres que le dijeron que sí a la Patria

Por Patricia Moyano

Poder analizar hoy la guerra de Malvinas desde una perspectiva de género resulta altamente movilizador y nos lleva de paso a entender cuánto hemos logrado, a pesar de todo aquello que falta transformar.

Expresarnos acerca de las “Mujeres de Malvinas”, equivale a correr un manto de neblina no sólo sobre nuestras islas, sino sobre la conciencia de tantos.

Entre las décadas de los ‘70 y ‘80 nuestro país se vio desbordado de una inusitada violencia cívico-militar, primero interna y luego externa, demostrando que la guerra condena a las mujeres a un esfuerzo sin fin por sobrevivir, por cuidar de los suyos, por asegurarles lo mínimo, por llorarles si mueren y esperarles si desaparecen.

Sin embargo, no fue hasta nuestros días, después de cuatro décadas, que nos reconocemos en esta situación y gracias a nuestra propia lucha cotidiana.

Hasta hace poco tiempo se mantuvo invisible la participación de las mujeres en el conflicto del Atlántico Sur y fue la escritora Alicia Panero quien a través de su libro “Mujeres Invisibles”, publicado en 2014(*), reunió testimonios de aquellas trabajadoras de la salud de entre 15 y 30 años de edad, que recibieron a los heridos y los contuvieron emocionalmente tras ser evacuados de las islas.

Enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas y especialistas en terapia intensiva que, a diferencia de las enfermeras británicas que ya eran profesionales, recién estaban iniciando su carrera.

Unos pocos nombres propios desenterrados por Panero, nos obligan a reflexionar acerca de los muchos que  olvidamos en forma irremediable.  Otra lista de anónimas repleta de madres del dolor a las que les arrebataron sus hijos, en torno a una aventura propia de la decadencia política de aquellos tiempos.

Una historia que tiene como responsables a militares devaluados de este lado. Por el otro, paradójicamente, una mujer representante del patriarcado más acérrimo a quien no le importó inmolar a los hijos de su pueblo.

Madres, esposas, novias a las que la historia ni siquiera consideró. A punto tal llegaría el desprecio que tal como afirma la autora en su obra,  al mostrar otra cara oculta que surge con la visibilización de las mujeres en la guerra: el maltrato y el acoso que sufrieron por parte de los hombres en los puestos de trabajo.

Pero a pesar de ello, además de la atención sanitaria, fue muy importante el apoyo y el vínculo emocional que las mujeres construyeron con los soldados: ellas eran el primer contacto que recibían después de haber estado en la zona del conflicto.

¿Acaso hoy alguna mujer podría entregar a sus hijos a una guerra como la vivida en nuestro país? Parece descabellado.

Se trata de un imposible, más aún luego de la concientización lograda y de haber demostrado que el empoderamiento en esta tarea a favor de la igualdad de género, producirá por consecuencia un espacio global más inclusivo y sensible para todos.

En 1988 a partir de un pequeño grupo de mujeres israelíes y palestinas se creó la “Red de Mujeres de Negro contra la Guerra”, que hoy funciona en todo el mundo con miles de adhesiones.

A través de esta red, las mujeres del mundo están poniendo las bases en sus vidas y en sus terrenos de acción de una paz justa, de unas relaciones entre las personas a partir del reconocimiento mutuo y poniendo el acento de la política en la vida de las personas.

No en la muerte, sino en la vida.  En cómo salvarla, hacerla digna, durante el conflicto y después del conflicto, clamando por la justicia y por una sociedad donde la política pueda hablar desde la no violencia y en la que en el centro no esté el honor, ni la victoria, ni las armas, sino los derechos y la vida de todas y todos los que vivimos en este planeta.

 (*) Mujeres invisibles – Alicia Panero (2014) Difusión gratuita mediante la plataforma digital Bubok (https://www.bubok.com.ar) 

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