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Como en 2001, la TV vuelve a ser un refugio para salvarse de la crisis

El caso de la científica en «¿Quién quiere ser millonario?» recuerda a la televisión de otra época muy difícil del país.

Marina Simian dirige un grupo de investigación del Conicet de la Universidad de San Martín que trabaja en el desarrollo de nuevas terapias para el cáncer. Pasaba desapercibida como participante del reality ¿Quién quiere ser millonario?hasta que le preguntaron qué pensaba hacer con el dinero ganado: «Vinimos acá porque si recaudamos algo es para la investigación«.

La enorme repercusión generó que hasta el presidente Mauricio Macri la reciba. Pero no es el primer caso en el último tiempo de algún participante que, lejos de buscar experiencias de lujo, encuentra a la televisión como un recurso de solucionar algún problema urgente.

Esta situación recuerda a algunas imágenes que fueron moneda corriente en la televisión argentina en la época de la gran crisis del 2001. En ese entonces, el fenómeno no se quedó en la actitud conservadora de la mayoría de los participantes del segmento “El imbatible” del programa de Susana Giménez, sino que también dio origen a programas enteros que solo podían cobrar sentido en contextos completamente negativos.

Recursos Humanos

Para fines de 2001, el desempleo en Argentina estaba en un 18,3%. En abril de 2002, El Trece, de la mano de Néstor Ibarra, aprovechó el contexto para lanzar un programa con un nombre que no dejó lugar a segundas lecturas: Recursos Humanos.

Cada emisión tenía un fin muy concreto: conseguirle trabajo a un desempleado, entre dos que participaban en cada programa. Los llamados de los televidentes decidían quién era el ganador. El “premio consuelo” para el vencido era la cobertura de una prepaga de medicina.

Lejos de ser un mero envío de fin de semana, el ciclo iba de lunes a viernes a las 19.

Números rojos

En 2001, Horacio Cabak conducía en el ya inexistente Azul Televisión un programa de entrenamientos llamado Números Rojos. El título era mucho más literal de lo que muchos podrían pensar.

El espíritu del programa estaba directamente relacionado con la crisis de nuestro país, más que con el excéntrico sueño de hacerse millonario de la noche a la mañana.

La condición para participar era estar endeudado por un crédito hipotecario, uno personal, etcétera. Cada jugador competía para llevarse un cheque, si resultase ganador, por el total de su deuda. Ni un peso más ni un peso menos. Las cifras oscilaban entre los tres mil y los diez mil pesos.

El programa iba los domingos de 20 a 22 horas y en cada emisión participaban cuatro concursantes. Madres que jugaban para saldar una deuda contraída para curar la enfermedad de un hijo eran parte de la pintura habitual del programa.

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