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María Eugenia Estenssoro: «En 10 años la Argentina puede convertirse en el polo de empresas de base científica y tecnológica de América Latina»

La disputa del poder global es por el conocimiento, asegura la exsenadora María Eugenia Estenssoro. Es por eso por lo que hoy están a un paso de una guerra comercial China y Estados Unidos, y es también el motivo por el que los países se convierten en líderes o quedan rezagados en el orden económico internacional. La Cuarta Revolución Industrial, en la que la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología e internet de las cosas (IoT) -entre otros sistemas- cambian la forma de producir, recién está mostrando sus primeras consecuencias. Y si las naciones no se preparan para lo que se viene, entonces, su fuerza laboral será la primera perjudicada.

«Si se lo propone, la Argentina podría convertirse en 10 años en el polo de desarrollo de empresas de base científica y tecnológica de América Latina», dijo la coautora deArgentina innovadora, un libro donde propone la tesis del potencial del país como centro de innovación y donde estudia a los emprendedores tecnológicos que quieren «realizar el sueño de una nación innovadora y creativa, reconocida por su talento en el resto del mundo».


La propuesta de Estenssoro para el sector privado es dejar de pensar en maximizar ganancias todo el tiempo y abandonar ese modelo «extractivo» para armar uno donde se reinviertan las ganancias en pos de un desarrollo tecnológico y de los recursos humanos que permita a las compañías argentinas ir mucho más allá del mercado doméstico. Asegura que hoy es un tema difícil entre los empresarios argentinos, pero que las firmas que ocupan los primeros puestos en los rankings de crecimiento aplicaron esta estrategia a pesar de los vaivenes económicos del país.

¿Cómo analiza el nivel de preparación del sector público para la economía del conocimiento?

-La Cuarta Revolución Industrial puede convertir a la Argentina en una protagonista relevante desde América Latina. El problema es que no hay ni hubo decisión política de avanzar en este sentido. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner destacó la relevancia de la inversión en ciencia y tecnología, y el de Mauricio Macri ha llevado a la mesa a los unicornios tecnológicos [las compañías cuya valuación de mercado supera los US$1000 millones], pero en realidad no hay una política integral. Hoy le damos a la economía del conocimiento la misma importancia que a la obra pública o que a Vaca Muerta . Sin dudas, el conjunto de yacimientos nos va a dar la energía fósil para lograr el autoabastecimiento, pero nuestro futuro no está ahí, porque el mundo está yendo hacia otro tipo de fuentes. En nuestro país, aún no se tomó la decisión de poner la ciencia y la innovación como centro de la estrategia donde converja con la educación, con las fuentes de trabajo y con el modelo exportador, entre otras cosas. Así como fuimos el granero del mundo, hoy podemos ser el polo de desarrollo tecnológico de la región.

-¿Y la del sector privado?

-Hoy tenemos un sector productivo con muchos tipos de compañías y, salvo algunas excepciones, la mayoría tiene una mirada muy endogámica reservada al mercado interno y con ideas de protección estatal. No tenemos una cultura empresarial que quiere salir a competir al mundo, y no estoy hablando de cuando el tipo de cambio favorece o de cuando el mercado interno se pone imposible, sino de una estrategia de crecimiento para ser firmas regionales y luego globales. En la economía que se viene, las oportunidades son grandes, pero las amenazas también. Y el cambio de paradigma necesario para poder aprovechar la transformación no puede ser algo cosmético ni un plan que solo incluya empresas líderes. Es importante que haya consenso entre dirigencia política, empresarial y sindical para ponernos de acuerdo ante los desafíos.

-Cuando hablamos de la economía del conocimiento, por los ejemplos que circulan, parece que solo se mencionara a aquellas empresas que no tienen activos físicos, como Facebook o Uber. ¿Qué lugar tienen las compañías manufactureras, que son grandes generadoras de empleo?

-El año pasado estuve en Rafaela, Santa Fe, donde hay una muy buena articulación entre el sector público y el privado. Conocí una empresa fabricante de válvulas, Basso, que ya estaba trabajando con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial para hacer una transformación de su planta y poder hacer impresiones 3D. Ese es un caso de una compañía industrial que incorpora nuevas tecnologías. Hoy hay miles de posibilidades para estas empresas: desde la automatización hasta el control de variables con ayuda de sensores e internet de las cosas. A inicios de este año, se juntaron Emmanuel Macron[presidente de Francia] y Angela Merkel [canciller alemana]: estaban preocupados porque, de las 10 empresas líderes del mundo, había siete estadounidenses y ninguna europea, y eso que Alemania tiene una industria poderosísima. Su idea es hacer una estrategia para que la Unión Europea no quede rezagada. Si están preocupados los europeos, ¿nosotros qué deberíamos hacer?

-En la economía del conocimiento, para lo que antes se necesitaban tres puestos de trabajo hoy se necesita uno. ¿Cómo puede hacer la Argentina, un país donde uno de cada tres habitantes es pobre, para hacer este pasaje y que en la ecuación no se desestime la fuerza laboral actual?

-La Argentina no podrá ser una protagonista del siglo XXI con un 30% de la población por debajo de la línea de pobreza. La pobreza estructural del país va en aumento desde hace casi 30 años porque tenemos políticas de contención, pero no planeamos medidas que tengan que ver con una mejora cualitativa de la educación y la salud. Eso nos da como resultado una baja productividad y, en la actualidad, si no hay una buena cosecha, el país colapsa. Lograr una sociedad más integrada es fundamental.

-En este sentido, también hay una brecha tecnológica entre los distintos niveles socioeconómicos que podría complicar la fuerza laboral necesaria para girar hacia un modelo más basado en el conocimiento.

-Si como país querés tener una estrategia de ser una nación pujante, tenés que contar con las mejores escuelas donde estén los más pobres. Hoy la idea de que el trabajo y el esfuerzo es lo que nos va a sacar adelante casi no está presente en la cabeza de las personas. La mayoría de los chicos de los sectores bajos no termina la escuela; entonces, tampoco ve cómo mejora su situación laboral. Cuando yo estaba en la Legislatura de la Ciudad trabajé mucho para que hubiera jardines maternales con docentes al frente para chicos desde los 45 días hasta los tres años. ¿Por qué con educadoras? Porque, de ese modo, esa familia que deja los chicos va entrando en otro sistema cultural, en otro orden, en la cultura del esfuerzo y de la superación. La economía del conocimiento empieza con una educación de altísima calidad.

-Hace poco se aprobó la ley de economía del conocimiento. ¿Este tipo de incentivos son suficientes para el desarrollo de estas compañías?

-Es una señal positiva porque se están priorizando sectores como la biotecnología o la industria aeroespacial, por ejemplo. Pero, por otro lado, se está desfinanciando el sistema científico. Me parece que, así como no se tocan los planes sociales a pesar de la crisis porque hay que dar contención, hay ciertas cosas que no se pueden recortar porque en la innovación simplemente perdés el tren. Muchos científicos se van a ir afuera, así como sin la ley de economía del conocimiento seguramente se habrían ido muchas empresas: los emprendedores se ven ante una realidad tan hostil que eligen otros países para establecer sus negocios. En ese sentido, China tenía 1200 millones de pobres cuando dijo que empezaría en el camino de la inversión en ciencia y tecnología. Primero fueron la fábrica barata de Occidente y hoy le disputan a Estados Unidos el reinado por la innovación.

-¿Esta desinversión en ciencia y tecnología también tiene su correlato en el sector privado?

-Priorizar estratégicamente la ciencia y la tecnología es una deuda enorme que tiene la Argentina. En el sector farmacéutico es donde mejor se puede ver: tenemos una ley de patentes que no respeta los estándares internacionales para proteger a nuestros laboratorios, que muchas veces compran las patentes y no desarrollan productos propios. El país en general tiene poca tradición de patentes y siempre se piensa más en el mercado interno. Sin embargo, hoy hay ejemplos que demuestran que desde acá se puede y que hay un modelo que puede cambiar. La agricultura es potente a pesar de todos sus problemas porque hoy es un sector que compite con el mundo, que se aggiornó, que hizo una gran inversión en innovación tecnológica. No hemos visto lo mismo en el sector industrial y la Argentina fue perdiendo posiciones. Hasta este momento, entre empresarios y científicos ha habido un gran recelo. Por un lado, los científicos desconfían de investigar para el lucro de un privado; por otro lado, el sector privado se cuestiona qué puede inventar el sistema científico que aún no haya sido inventado. Hoy la innovación es muy dinámica: la economía del conocimiento y la ciencia son sistemas donde hay mucho lugar para la cooperación y, hasta el momento, no ha habido un aprovechamiento productivo de esto. Hay un camino que deben caminar todos, hasta el Gobierno, que tiene que pensar cómo reorientar parte de la investigación científica hacia donde tengamos ventajas competitivas, pero eso no significa desinvertir masivamente. La amenaza es muy grande: la decadencia que ya experimentamos se va a acentuar si no cambiamos la dinámica.

-¿Cuál es el principal cambio cultural que están haciendo las compañías para prepararse para esta Argentina innovadora?

-Lo más importante es saber que uno tiene que tener una mirada en la coyuntura, que acá es apremiante, pero también en el largo plazo. Una buena mirada es querer ser la mejor empresa del sector, ya sea en la ciudad, en el país o en la región. Sin embargo, acá siempre te quedás mirando la coyuntura en vez de invertir en recursos humanos, mejores productos y mejor tecnología. Hay una gran medianía donde se invierte poco en estas variables, y en realidad hay que tener esta capacidad de mirar con lentes bifocales. Las empresas que invirtieron ganancias en los años de vacas gordas con el fin de completar sus sistemas productivos luego fueron las más fortalecidas cuando vinieron momentos difíciles, pero esta mentalidad nos cuesta.

-¿Imagina, en diez años, un sector privado argentino mucho más integrado a cadenas de valor globales?

-La mirada de «vivir con lo nuestro» no va más en una economía global. Si hoy no invertís en capacitar a tu gente, cuando llega el momento no lo aprovechás. La Argentina tiene un modelo extractivo en su cultura empresarial, política y sindical: se trata de maximizar ganancias en todo momento sin reinvertir, lo que lleva al decrecimiento en algún momento. Hay otro modelo, más inclusivo, en el que se reinvierten las utilidades para crear grandes compañías regionales o globales, que se ve mucho en empresarios tecnológicos sub-50.

-¿Qué empresas o referentes del sector privado hoy están mirando esta Argentina innovadora que podría desarrollarse?

-Hace poco se habló del nuevo unicornio, Auth0, una compañía dedicada a la ciberseguridad. Sin dudas, estas tecnologías informativas tienen una gran capacidad de crecer, así como las fintech [las compañías que mezclan finanzas con tecnología]. Es indudable que también crecerá todo lo que sea biotecnología y las industrias metalúrgicas modernizadas para el agro. La Argentina debería proponerse ser un país líder en energía más allá de las fuentes fósiles, pero para eso se necesita gran innovación tecnológica, como está haciendo YPF con el litio y las renovables. Ya que estamos en un año de elecciones, me gustaría ver que los candidatos a presidente y a gobernador también hablen de estos temas. Siempre hablamos de déficit, de recesión, de pobreza creciente; esas son las únicas discusiones que hemos tenido, y cada vez nos va peor. Ojalá que haya un consenso en que el paradigma que se viene es el conocimiento y que debe ser un ecosistema que involucre a todos los sectores, no solo un sistema en el que las compañías se vuelven más competitivas.

-A quienes están dentro del circuito de esta economía del conocimiento, o al menos en camino hacia este modelo como empleados o empleadores, ¿qué les recomendarías a nivel personal y profesional?

-Algo que yo he visto mucho en todos los emprendedores y todas las emprendedoras es que, si bien tienen un gran amor por lo que hacen por el país y hacerlo desde la Argentina los motiva, también tienen mucha conciencia de lo que pasa en el mundo. Muchos miran conferencias globales por streaming porque lo ven como una forma de capacitarse y de saber lo que está ocurriendo en otras naciones. No se quedan con escuchar solo nuestro debate local, sino que abren la cabeza. Luego, creo que es muy útil una vocación de aprender, de estar abiertos, de saber trabajar en equipo. Porque uno puede ser muy talentoso, pero si es una persona difícil o refractaria, es complicado. Cuando hablamos de un «ecosistema innovador», es justamente lo contrario al «egosistema». Se trata de no estar tanto a la defensiva, sino de pensar de manera más colaborativa.

* María Eugenia Estenssoro es periodista y política. Fue senadora de la Nación y legisladora porteña. Coescribió el libro Argentina innovadora, donde estudió a los emprendedores tecnológicos.

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